Representa el principio y el fin de los tiempos, la armonía del color


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Wassily Kandinsky

Regresaba de hacer sus bosquejos sumido en sus pensamientos, cuando de pronto, abrió la puerta del cuarto del estudio y se vio envuelto en una nube de indescriptible belleza. Perplejo se quedo mirándola. El cuadro carecía de tema, no representaba ningún objeto que se pudiera identificar y estaba totalmente compuesto de manchas brillantes de color. Finalmente se acercó y observo sin decir nada lo que realmente era: su cuadro, cuya composición en el caballete había cambiado, había quedado como ladeado y apaisado.
Una cosa le quedó clara desde aquel instante en adelante, la representación de objetos no tenían ningún sentido en sus cuadros y, que en realidad, era perjudicial para ellos.

El inicio de la abstracción comenzó de forma inesperada, tan sólo basto que un cuadro perdiese la postura inicial en la que lo había dejado su pintor, para que el arte no-figurativo se convirtiese en una de las corrientes más emblemáticas y más cotizadas de la actualidad. Pero el que Wassili Kandinsky sea el padre de la pintura abstracta también es algo inesperado ya que el pintor moscovita parecía destinado a una carrera universitaria como profesor de derecho. Sin embargo, la situación acomodada de Kandinsky repartida entre el derecho, la economía y otras ciencias jurídico políticas chocó a los treinta años de un modo inesperado con el arte. El impacto del color intenso que descubrió en las casas del norte ruso de Wologda y la conmoción que le causó Lohregrin, una ópera de Wagner, le hizo alejarse de Moscú para instalarse en Munich donde comenzó a estudiar pintura. Temprano, la imagen naturalista de los paisajes dejo paso a las manchas de color fuertemente contrastadas, que imposibilitaban cada vez más identificar los referentes pintados. En 1910 se produjo el paso definitivo hacia la abstracción al pintar con absoluta libertad gestual y manchas cromáticas sobre la tela.

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Composición VII

La obra, Composición VII del año 1913 se encuentra en la Galería Tret`Jacob en Moscú. Es considerada la tela más conocida y es la más grande pintada por Kandinsky. Fue preparada con más de treinta dibujos y bocetos, pero realizada luego en sólo tres días y medio. La elaboración del cuadro está documentado día a día por una serie de fotografías tomadas por Gabriele Münter que demuestran que la pintura de Kandinsky no es improvisada sino que es fruto de un lento proceso creativo en el cual cada paso ha sido atentamente meditado y preparado. Lo que pone de manifiesto esta meditación concienzuda en el uso del color es que en un cuadro como éste, aparentemente muy caótico, no se repita ninguna forma ni combinación de colores. Es un cuadro en el que se concentran contrastes cromáticos, el movimiento furioso y le enorme complejidad-caos. En seguimiento de las directrices que proporcionó el artista, la tela representa el origen y el fin del mundo. Según lo que escribió Kandinsky en uno de los bocetos conservados en Munich, la parte inferior izquierda representa la “génesis”, con colores primarios, “originarios”, mientras que en la parte inferior derecha se halla el “abismo”. De la parte superior izquierda llegan “ingerencias”, que demuestra en el centro intervalos de “modulaciones y ofuscamientos”. La parte central es la más elaborada gráficamente: los ofuscamientos y las modulaciones se traducen mediante la intersección casi paroxística de líneas rectas y curvas. A medida que nos acercamos a los márgenes el ritmo se hace más sosegado y la complejidad gráfica deja paso a una aplicación más serena y regular del color.

En lenguaje musical que es otro de los elementos clave en la pintura de Kandinsky, hay “un crescendo” y “un diminuendo” : la obra deviene así una auténtica sinfonía, una “composición” atonal, que representa un absoluto desorden que equivaldría a las obras musicales de Schönberg, gran amigo de Kandinsky. Su amistad con Arnold Schönberg que fue uno de los compositores más importantes del siglo XX y también pintor de notable talento, contribuyó al nacimiento de la pintura abstracta, en particular en el caso de Kandinsky: se consideraba la música como el modelo de cualquier arte que quisiera pensar ante todo en los materiales, en su propiedad y en su posibilidad de combinación. El músico aprende ante todo a combinar sonidos, no a representar algo: esta experiencia se interpreta como una guía que el pintor debe seguir con los colores, las líneas, las figuras y los otros elementos concretos de los que debe ocuparse.

La función esencial de la pintura era enseñar a pensar y a descubrir lo espiritual en lo sólido. Sus cuadros tienen el fin de establecer un idioma simbólico entre formas y colores que proyecten su interés en lo trascendental y que el propio Kandinsky lo recoge en su libro escrito en 1911, De lo espiritual en el arte.

 


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Categorías: Colores, Tiempo | 3 comentarios

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3 pensamientos en “Representa el principio y el fin de los tiempos, la armonía del color

  1. priscila

    que lindas las pinturas pero me gustaria que les pusieran un nombre
    ok

  2. luisa garza

    Es una representacion del arte de una manera explendida, que ojala que otros artistas plasmaran la belleza de pintar en muchas otars obras .

  3. Anónimo

    simplememte genial!

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