Tiempo límite


 

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El color es rojo, nadie pasa por medio, no hay nadie que la atraviese, hay prisa y uno pasa. Pare señora esta multada. ¿Cómo? ¿Qué pasa?,  no entiende que cuando el semáforo esta en rojo hay que parar. Tiene 25 euros de multa me dice la señora bien alemana ella. Poco tiempo después de recuperar el ritmo pedaleando, un pedal sale despedido y al final mi largo trayecto ha tenido que ser; Bajo la lluvia, con el pedal en la mochila y la bicicleta de la mano.

Mientras paseaba en esta situación he pensado mucho en el pasado y en el futuro. Con el futuro quiero decir que tal vez con la multa y con la pérdida casi de mi pedal se haya evitado un mal mayor. ¿Por qué no pensarlo? Porque uno no esta para ello, sin más.

Hoy mismo otra “casualidad” más. Realizo un trabajo sobre Michael Foucault pero en alemán lo cual es casi categorizado de loco y el propio Foucault lo habría dicho, casi lo puedo asegurar. Pero en este texto hablaba de los dispositivos de seguridad y mira por donde que la seguridad me ha jodido pero bien y me perdonen por la expresión pero no puedo decirlo de otro modo y todavía no ha pasado ni un día sin que me dejarán sin mi dinero para comer al día siguiente.

Ahora bien, se me ocurre lo siguiente; una madre con su bici corre en busca de su hijo porque está en el hospital, ha perdido su trabajo y no tiene dinero. Nadie cruza por la calle, y ella de buen corazón pasa y la para la policía que la tiene más de veinte minutos a la espera de cobrarle en esa caja tonta la multa. Tiene que pagar 25 euros, el único dinero que tiene para comprar a su hijo las medicinas y para comida. El niño cuando la madre llega al hospital ha muerto. Sé que es un ejemplo radical, drástico, pero en ocasiones sólo con los extremos se puede observar como la pretendida seguridad con la que supuestamente contamos no es más que otro mecanismo para mantenernos vigilados y alejados de lo que realmente importa.

Estamos adormilados, nos están adormilando lentamente y no nos damos cuenta. Los dispositivos del terror que el propio Foucault los llama de seguridad están ahí fuera, nos rodean y nadie quiere frenarlos. No miréis a los de arriba porque son ellos los que los implantan. Porque el color amarillo es su favorito pero recuerdo que hay más colores.

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