El tiempo en el que en el otro, descubres algo nuevo de ti


Colores, coches, bocinas, pasos, gritos: ¡Deutschland, Deutschland!, el otro grita: ¡ Lucas Podolski!; el de la fila de enfrente: ¡Villa, Villa, nuestra maravilla! El de más atrás ¡España, España! Y el otro responde: ¡Vengamos el sucio juego de los italianos!

Hablo de fútbol si, pero no hablo de si Torres pasa el balón a Villa o si el “pichichi” de la selección alemana se apellida: “Schweinsteiger” lo que significa en Español literalmente: “levantador de cerdos”. No, no. La parte técnica del fútbol se la dejo para los entendidos en el, en este caso para Aragonés.

Me quedo con la parte dedicada a la transformación de un espacio; el de la ciudad, al ordenamiento de un tiempo; el que tiene lugar en la ciudad Alemana de Colonia. No sé si es casualidad pero en los campeonatos de fútbol siempre me encuentro en Alemania. En la copa del mundo, no le di importancia en Berlín a si había fútbol, si gritaban arriba los cerdos o abajo los Lucas, pero esta vez el fútbol se mezclo con mi vida estudiantil, se metió de lleno en la Universidad, como si de una clase o una palestra importante se tratara. Como dice un buen amigo mío: “si Hegel levantará la cabeza…”.

A lo que iba, una de las aulas más grandes del edificio de Filosofía se destino para retransmitir el partido Alemania-Croacia. Para animar a la afición porque a los alemanes parece que les hace falta tener cada dos días su Oktoberfest (la mayor fiesta de la cerveza en Alemania) regalaron así por la cara 300 litros de cerveza a todo el que llegara antes al partido, porque atención, al comienzo de la segunda parte los alemanes fueron a comprar de nuevo provisiones para seguir disfrutando del fracaso alemán contra Croacia.

Pero lo dicho, no importa si se gana o se pierda, pero que quede claro que este año España va a ganar … por lo menos ganamos a Italia, “con su peor medicina” a penaltis y con eso ya hemos vengado 24 años de sucio juego en el que se ve reflejado algo más que una técnica de jugar al fútbol. No digo nada más. Pero hala, la moda y los tortellinis para casa, “schade” (que pena).

Pero en Colonia no sólo se anima a Alemania más que nada porque lo que menos hay son alemanes, haberlos los hay pero se les oye menos que a los turcos que van siempre por la calle con la música incorporada, el móvil de tercera generación (ya no sé si hay de cuarta, me quede obsoleta en el Nokia de hace 5 años, ¿para que más?…) da para todo hasta para compartir la música con el resto de los transeúntes que pasean por las calles.

Con todo esto, la ciudad de Colonia es una mezcla de colores, de gritos y se respira un aire profundo de sentimiento de pertenencia o más bien de mezcla de pertenencias. Uno es turco y alemán y el otro alemán y español y así uno tras otro. La mezcla es el aire que se respira.

Es aquí donde quería llegar y que no es objeto mío sino más bien de la antropología estudiar ya no sólo al ser humano holísticamente sino al ser humano con un balón bajo el brazo. Ya no se dice, el niño con un pan bajo el brazo, ¿por qué?

El fútbol despierta pasiones pero sobre todo una, crea una unión, si, por supuesto; superficial, pero sólo en el caso racional o de intercambio de algún tipo de contenido mental interesante, pero en lo emocional provoca una unión al homogeneizar un sentimiento de pertenencia que se manifiesta en el abrazo, en el choque de manos, en el cruce de miradas. Si no, pongamos el ejemplo del árbitro (piezas fundamentales en los deportes y menudas piezas…) del partido España-Italia, el alemán ese que pitaba todo a favor de la pizza y de la pasta; ¿será que el aceite de oliva y los garbanzos le resultan comida de pobres? En el momento en el que el árbitro se decanta por uno de los equipos, la gente se une para llamarle de todo menos guapo.

No discuto que si el fútbol es un deporte que en casi todas las ocasiones es movido por tontos y tonterías pero como siempre se dice: “de todo lo malo, hay que sacar algo bueno”. Esta vez hice caso al refrán, saco lo bueno y lejos de casa. Aquí me he dado cuenta que mi “casa” esta en mí y yo estoy en ella, pero pensando al mismo tiempo que el otro, Alemania es el que me ha dado pie para percibir tal sentimiento. No es el fútbol sino el efecto de una causa que en mi casa, España, no daría el mismo efecto. Ya que desde hace muchos años deje de prestarle atención al fútbol.

El tiempo sorprende, nunca hay nuevos tiempos en los que no aprendemos algo nuevo. Me alegro de que así sea.

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Categorías: Tiempo | 2 comentarios

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2 pensamientos en “El tiempo en el que en el otro, descubres algo nuevo de ti

  1. Anónimo

    Aguuante Laa Fottod Roñandiñhoo!! Ess la mejor de las mejoress..!! Pero El mejor es cristiano Ronaldo!
    Aguante ……… Laa foto

  2. Anónimo

    Tin!

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