La presencia sentida, en tal vez, ningún tiempo casual


De una forma u otra caminamos con rumbo, sin rumbo ¿qué más da?, ¿a quien le importa? Vamos a ver, quiero decir que a quien le importa si salimos a caminar solos y escogemos mover el pie izquierdo para girar por una calle a la derecha o justamente a la inversa. ¿Hay un halo por no llamar destino que nos dirige hacía un punto o es puro azar? Una joven como muchas otras cuyo color es el violeta sale de la casa dirección a comprar un flexo, una luz. ¿Será que se encuentra en la oscuridad? Parecerá una paradoja al saber el resto de la historia y que de hecho no había dado cuenta de ello hasta ahora.

Buscar una luz porque su habitación estaba muy oscura y no podía alumbrar ni su alma, ni sus ideas y por otra parte, debido al camino escogido o que le escogieron choca con la espiritualidad del arte. Allí en la calle Fuencarral número 21 no muy lejos, ni cerca de ninguna parte, en un sitio arbitrario elegido para mostrar que no es la ropa ni los utensilios producidos en masa para ser puesto por otra masa. En este caso, no hay paradoja sino que lo que se da es un “halo de idiotez” que no tiene nada que ver con el carácter de lo humano o mejor dicho aquello que lo trasciende. Al contrario ocurre en aquel espacio de la calle Fuencarral de Madrid (para que no haya equivocos) que nos ayuda a entender otra dimensión humana, la específica del ser humano. La joven entró en aquel espacio que más bien parecía un lugar al descubierto en donde se podían contemplar las formas bellas que los colores pueden crear. Colores que fueron para ella como las teclas de activación de un sexto sentido, de lo más recóndito de su ser. Se acerco al ser creador de tales obras.

Le hizo un par de preguntas sorprendida por aquello que estaba contemplando, a lo cual, aquella pintora respondió de un modo inteligente, lo que hizo que la joven que a aquel sitio fue a parar siguiera preguntando hasta percibir que sus preguntas eran absurdas y que su situación en ese lugar era la de escucha solo por escucha. Aquella pintora hablo a la joven del color violeta, de la conexión de su pintura con el ser supremo, como la pintura es su forma de vivir, el trabajo para el que vive y que es todo dedicación tanto en alma como en espíritu. Como cree en ello y consigue transmitir toda esa expresión canalizada a través de la pintura a todo aquel que por ese número 21 se acerca y se adentra. No voy a revelar más datos que por el momento resultan insignificantes para el simple lector porque lo que se debe ver no se puede leer y lo mismo ocurre a la inversa. GRACIAS.

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Categorías: Tiempo | 1 comentario

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Un pensamiento en “La presencia sentida, en tal vez, ningún tiempo casual

  1. Arturo

    He dado por casualidad con este rincón de Internet y me he pasado casi dos horas leyendo varias entradas. Según iba leyendo, quedando atrapado por la redacción de muchas de las reflexiones, he ido ilvanando algunos datos y creo que eres la chica de Valladolid, recién llegada de Erasmus en Alemania, que conocí en la cafetería de la UCM hace unas dos semanas antes de que te fueras a tu curso de Doctorado. Yo soy el arqueólogo viajero, recién llegado de EL Cairo, que comía con tu compañera de clase. Si es así, dame un toque (a_reydasilva@yahoo.es) y nos vemos que he perdido tu pista. Un beso, ciao!

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