El tiempo de fiarse …


No puedo explicar de mejor manera lo que todos estos días se me pasa por la cabeza, mejor que lo ha hecho Javier Marías en este artículo no podría… lean, porque hay mucho de verdad y de valor…

Por qué casi nadie es de fiar…

tiempo de fiarse

Y sin embargo … Yo me siento mucho más seguro y tranquilo en la compañía de quienes carecen de toda lealtad “superior”, de quienes nunca anteponen ninguna abstracción al aprecio por sus allegados, de quienes sólo se volverán contra mí por mis actos y no por ningún dogma ni creencia ni ideal. Es más, son esas las únicas personas en las que confío, y en cambio nunca podría hacerlo en un religioso ni en un político ni en un militar ni en un nacionalista, tal vez ni siquiera en un creyente ni en un militante ni en un patriota oficial, porque sé que cualquiera de ellos estaría presto a traicionarme o a sacrificarme. Llegado el caso, serían vasallos de lo que hubieran colocado “por encima”, e incondicionales de ello aunque reprobaran el proceder de quienes lo encarnaran. Por eso no me fío enteramente de casi nadie, tan extendido está el sentimiento que da lugar a esa frase. Y si ustedes se fijan y hacen memoria o repaso, verán también, bajo este prisma, de cuán poquísimos se podrán fiar”.

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El dasein siempre en el tiempo: Gracias, Volpi


 

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En recuerdo a Franco Volpi

La sombra del tiempo no ha andado todo este tiempo debido a una crisis creativa por parte de la autora del mismo. Sin embargo, es hoy, justo el día en el que mi mente parece que esta dispuesta a adentrarse en nuevas sombras y en nuevos tiempos cuando un hecho inesperado ha “machacado” mi atención. No suelo leer los periódicos en papel pero si El País digital. Como suele pasar es que si presto atención a un periódico es porque él mismo tiene algo que decirme a “mí” y así ha sucedido.

De un golpe de vista he podido leer el filósofo y germanista italiano, Franco Volpi muere. En ese momento se me ha venido a la mente aquel hombre más bien bajito, de tez simpática, políglota no sé si de nacimiento pero si de “Sprachtalent” (un hombre talentoso para las lenguas) allí hablando en la Universidad Complutense de Madrid sobre el nihilismo y mis admirados Nietzsche, Heidegger … me impactó la facilidad con la que cambiaba de idioma del español, al alemán, al francés y por supuesto aunque en este caso no pronunció palabra alguna en italiano … desde aquí quiero dedicarle este escrito no es para que sepa que le he escrito algo que aún sigo investigando …. Es sólo una broma aunque no se este en estos momentos para bromas.

Es increíble como el principio de causalidad no funciona para los filósofos ni para otras gentes dedicadas a la contemplación…

Volpi murió en una bici, lo atropellaron y ahí se acabo todo su progreso vital en vida, ahora esta toda su vida filosófica, toda esa que ha dejado a aquellos que quieren seguir las huellas de uno de los que para mí en la actualidad se les puede considerar filósofos y maestros. Espero poder llegar a sentir como la filosofía inunda la vida porque eso es lo que dio a entender en su Conferencia, parecía tocado por una musa.

GRACIAS VOLPI.

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La presencia sentida, en tal vez, ningún tiempo casual


De una forma u otra caminamos con rumbo, sin rumbo ¿qué más da?, ¿a quien le importa? Vamos a ver, quiero decir que a quien le importa si salimos a caminar solos y escogemos mover el pie izquierdo para girar por una calle a la derecha o justamente a la inversa. ¿Hay un halo por no llamar destino que nos dirige hacía un punto o es puro azar? Una joven como muchas otras cuyo color es el violeta sale de la casa dirección a comprar un flexo, una luz. ¿Será que se encuentra en la oscuridad? Parecerá una paradoja al saber el resto de la historia y que de hecho no había dado cuenta de ello hasta ahora.

Buscar una luz porque su habitación estaba muy oscura y no podía alumbrar ni su alma, ni sus ideas y por otra parte, debido al camino escogido o que le escogieron choca con la espiritualidad del arte. Allí en la calle Fuencarral número 21 no muy lejos, ni cerca de ninguna parte, en un sitio arbitrario elegido para mostrar que no es la ropa ni los utensilios producidos en masa para ser puesto por otra masa. En este caso, no hay paradoja sino que lo que se da es un “halo de idiotez” que no tiene nada que ver con el carácter de lo humano o mejor dicho aquello que lo trasciende. Al contrario ocurre en aquel espacio de la calle Fuencarral de Madrid (para que no haya equivocos) que nos ayuda a entender otra dimensión humana, la específica del ser humano. La joven entró en aquel espacio que más bien parecía un lugar al descubierto en donde se podían contemplar las formas bellas que los colores pueden crear. Colores que fueron para ella como las teclas de activación de un sexto sentido, de lo más recóndito de su ser. Se acerco al ser creador de tales obras.

Le hizo un par de preguntas sorprendida por aquello que estaba contemplando, a lo cual, aquella pintora respondió de un modo inteligente, lo que hizo que la joven que a aquel sitio fue a parar siguiera preguntando hasta percibir que sus preguntas eran absurdas y que su situación en ese lugar era la de escucha solo por escucha. Aquella pintora hablo a la joven del color violeta, de la conexión de su pintura con el ser supremo, como la pintura es su forma de vivir, el trabajo para el que vive y que es todo dedicación tanto en alma como en espíritu. Como cree en ello y consigue transmitir toda esa expresión canalizada a través de la pintura a todo aquel que por ese número 21 se acerca y se adentra. No voy a revelar más datos que por el momento resultan insignificantes para el simple lector porque lo que se debe ver no se puede leer y lo mismo ocurre a la inversa. GRACIAS.

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Enrique Gavilán viaja en su “OTRA HISTORIA DEL TIEMPO: la música y la redención del pasado”


Enrique Gavilán

Cuando se pregunta a una persona a quien le encanta viajar, ¿por qué viajas? el viajante responde normalmente: “para conocer otros mundos, otras culturas, otras formas de arte, etc.…”. Sin embargo, el viajero puede olvidarse de algo, de sí mismo, de la transformación que el propio viaje infunde en él de una manera en muchos casos casi imperceptible. Cuando a Enrique Gavilán, profesor de la Universidad de Valladolid se le habla de un futuro viaje, él siempre menciona la vuelta a casa. De algún modo ocurre lo mismo con su nuevo libro Otra historia del tiempo: la música y la redención del pasado”.

En el capítulo IV de su libro dedicado a los Cuartetos de T.S. Eliot Enrique Gavilán escribe: “el poema no sólo transforma a quien lo lee, sino que le hace consciente de la transformación”. En este caso, el escritor puede que no sea consciente de lo que su libro transformará pero si de su propia transformación en el tiempo.

Enrique Gavilán que ha presentado su libro en programas como La noche cromática de Radio Clásica, en La Feria del Libro de Valladolid, en la televisión local de la misma ciudad y en los Debates de CNN+ acompañado del crítico de música José Luis Tellez y del periodista y presentador del programa Jose María Calleja, hace hincapié en todas sus apariciones públicas que su libro no es una reflexión sobre el tiempo sino que su centro radica en pensamiento entorno a la música.

Según el profesor de la Uva: “la música nos trae el pasado, nos anticipa el futuro, el tiempo se rompe”. Esta frase fue el titular de la entrevista con la que apareció Enrique Gavilán en El diario de Valladolid el 11 de mayo de este año, en donde habla una vez más de su interés por La Filosofía de la nueva música de Adorno, por la Teoría de los Mitos de Lévi-Strauss y el papel que juega ahí la música. Enrique Gavilán dedica el capítulo II a la estética musical de Adorno y el III a la teoría de los mitos de Strauss.

El profesor de la Uva que además es profesor invitado en la Universidad alemana de Bayreuth destaca en su aparición en La Noche Cromática de Radio Clásica el papel importantísimo que juega Adorno ya no sólo en su libro sino en la Estética en general. Si por algo se tiene que sentir orgulloso Enrique Gavilán es por hacerle frente a la resistencia de un lenguaje que se ha tornado para muchos traductores irresistible. De hecho, el profesor de Teoría de la Historia y de Tiempo y mito en la India recoge así un pensamiento del propio Adorno y por el cual tal vez el mismo Adorno prefirió hacerse resistente: “la resistencia a una sociedad, es resistencia a su lenguaje”.

Antes de llegar a los capítulos dedicados a Adorno y a Lévi- Strauss, Enrique Gavilán recurre al pasado, comienza su libro con el Romanticismo ya que como dice en palabras del historiador, Isaiah Berlin: “El Romanticismo es el movimiento que más ha influido en nuestras vidas”. Según el profesor de la Uva con la Revolución francesa y las revoluciones que por estos años tienen lugar se abre una nueva experiencia del tiempo que provoca una angustia a la que los románticos van a tratar de dar respuesta. Lo que se produce en esta época es una nueva forma de concebir la música por parte del oyente, se origina una concepción romántica de la música. En la noche cromática Enrique Gavilán hace alusión a Novalis quien dice: “Hay que romantizar la realidad”.

Sin embargo, para entender esta nueva concepción de la música originada por los románticos Enrique Gavilán hace referencia a Wagner y en concreto a su obra Parsifal como la culminación del Romanticismo, del arte en religión.

Enrique Gavilán explica en el primer capítulo de su libro y en otro que se publico el año anterior llamado: “Escúchame con atención. Liturgia del relato en Wagner” como Wagner consigue que no solo estemos ante el presente sino que el elemento pasado y futuro estén combinados con el presente.

En el momento de hablar de Wagner durante la presentación del libro Otra historia del tiempo, en el programa de CNN+ cuyo debate tiene por título: “locos por la música uno de los protagonistas fue la famosa frase de Woody Allen: “cada vez que escucho a Wagner, me dan ganas de invadir Polonia”. Dejando a parte esta famosa broma, lo que si esta claro y como dijo Enrique Gavilán, es que Wagner es el segundo personaje de la historia sobre el que más se ha escrito, primero fue Jesucristo y el segundo Wagner por esa conversión del arte en religión, en donde, se plantean problemas actuales en campos tanto de la estética como de la política.

Por otro lado, no podemos olvidar un elemento muy importante, el silencio. El tema del silencio esta recogido en el capítulo V: La historia entre los fragmentos: el cuarteto de Luigi Nono. Enrique Gavilán explica como la obra clave de Nono es Prometeo en la que justamente se plantea la tragedia de la escucha. No podemos aplicar el término de tragedia a lo que ocurre en las salas de conciertos pero si se puede hablar de una falta de escucha o de una falta de educación para la música. En una de las últimas preguntas que se le hicieron a Enrique Gavilán en el debate de CNN+ fue su opinión sobre los actuales oyentes de música clásica, a lo que el contestó una vez más, que las posibilidades de escuchar música clásica en la actualidad se han multiplicado pero que sin embargo ahora la relación que se establece con la música es pobre, tal como dijo Gavilán: “la música se ha trivializado, la gente sale de un concierto y habla los treinta segundos próximos, después, cambia de tema”.

A la inversa suele ocurrir con los oyentes de un concierto pop ya que como dice Enrique: “en este caso si tiene lugar una experiencia de transformación real”.

En todo momento hemos tenido de transfondo el IV capítulo del libro de Enrique Gavilán dedicado a los Cuatro Cuartetos de Eliot porque en ellos se mezcla como explica Gavilán lo abstracto del libro y el “carácter rabiosamente” privado de los títulos de cada poema. Algo así ocurre con La otra historia del tiempo: la música y la redención del pasado. A pesar de que cada persona, escritor, lector sepa de los temas que se tratan, el carácter privado de cada capítulo del libro esta ahí, solo hay que descubrir esa tensión en nosotros mismos que se produce al leer cada una de las sabidurías propias que se esconden en cada una de las páginas de este libro. No puedo terminar de otra manera que con la frase que se recoge en casi todos los comienzos de las diversas y variopintas presentaciones públicas del libro, que es el proverbio que tantas veces le repitió su padre a Enrique Gavilán: “si tienes dos monedas, gasta una en pan para tus hijos y compra con la otra violetas para tu corazón”.


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El tiempo en el que a las estrellas se las mira desde otra perspectiva


Hace apenas una semana escribía sobre un evento; ahora ya no me atrevo a hablar de deporte sino de evento de distracción de masas. Si, claro que me alegro del triunfo de la Selección pero no de toda la parafernalia que se ha montado alrededor de tal hecho. Que por cierto, no solo la sufro a través de mis cortas lecturas a los diarios on-line. Entonces, que si la plaza de Colón, que si el suplente de Casillas es quien anima la fiesta, que si, que si… ahora no se habla de otra cosa y para rematar aquí en Alemania se enteran de que eres española y en una clase de portugués el profesor para hacerme leer me trata de: Europa-Meister lo que es lo mismo campeón de Europa y el señor de la cabina telefónica lo primero que me dice ¡hombre española enhorabuena por el juego! ¿Jugué yo? Ahora me entero… que mala debo de ser que no me doy cuenta de que pego patadas a un balón. ¿Tal vez en sueños?

Pero claro, todo en buenas dosis esta bien pero cuando nos apartamos del centro se produce y se da lugar a una desmesura. Igual que cuando vamos a una boda y para rentabilizar el dinero pagado hay que comerse lo que le pertenece a uno más las sobras del de enfrente, no te entra más en el buche pero tu conciencia esta estructurada: pago-como todo lo mío y más. Esas premisas nos llevan a la simple conclusión de lo ocurrido con el fútbol. Jugamos-ganamos-celebro sin conocimiento y además hago de los futbolistas los dioses de la antigüedad griega. ¿Por qué se produce esto?, ¿qué buscamos?, ¿La identificación con el otro a través de la idiolatrización de un jugador de fútbol?

No, esto no puede ser. Pero me quedan como de costumbre mis infinitas preguntas para las cuales no encuentro respuesta: ¿Por qué esto es así?, ¿Qué demonios le hace ser así?

Ahora las estrellas son los jugadores de fútbol y el niño desde pequeño esta detrás de un balón y si el niño va detrás de un osito u otro utensilio que no sea un coche, una consola con juegos para matar o cosas por el estilo ya es catalogado de “gay” o como se dice en el idioma políticamente correcto “homosexual”.

Pero no nos equivoquemos, estoy como la que más a favor del deporte, pero OJO, sin subir al podium de los Dioses a los que lo practican, en este caso a los jugadores de fútbol.

De hecho, tales figuras del deporte como otras tantas son instrumentos para algo, quiero decir, por ejemplo, los periodistas se definen como bustos parlantes aunque no sean ni bustos y parlen sin saber que parlan pero ese es otro tema, hablamos de lo que idealmente serían en eso mismo un mundo ideal …. Pero en esta época no parece importar lo que se hace sino quien lo hace. Es como esa pieza de música silenciosa, esa obra de teatro sin telón de fondo, como el cuadro colgado en el suelo, o el libro sin escribir; así, hasta un infinito de utensilios que son lo que son por quien lo hizo y no por ellos mismos.

El fútbol es por sus jugadores, pero sin el fútbol ellos no serían lo que son. ¿Por qué hemos dejado de mirar las estrellas del cielo para mirar las del suelo? Con esto de que el infierno esta en la tierra, todo vale, por eso el cielo y los dioses están a nuestra altura pero los elevamos con el pensamiento. Comentaba yo con mi querida madre que un día me gustaría ir a visitar a unos mineros, que ellos si son estrellas bajo la tierra, porque ahí están y nadie los contempla porque ya no interesa mirar a las estrellas porque tenemos que hacer un gesto con la cabeza, lo que ocurre con los mineros en este caso el gesto con la cabeza es el opuesto, que deporte más cansado, Dios mío. Por lo cual, preferimos mirar a los que están a nuestra altura pero elevándoles a partir de la nada. Qué pena.

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El tiempo en el que en el otro, descubres algo nuevo de ti


Colores, coches, bocinas, pasos, gritos: ¡Deutschland, Deutschland!, el otro grita: ¡ Lucas Podolski!; el de la fila de enfrente: ¡Villa, Villa, nuestra maravilla! El de más atrás ¡España, España! Y el otro responde: ¡Vengamos el sucio juego de los italianos!

Hablo de fútbol si, pero no hablo de si Torres pasa el balón a Villa o si el “pichichi” de la selección alemana se apellida: “Schweinsteiger” lo que significa en Español literalmente: “levantador de cerdos”. No, no. La parte técnica del fútbol se la dejo para los entendidos en el, en este caso para Aragonés.

Me quedo con la parte dedicada a la transformación de un espacio; el de la ciudad, al ordenamiento de un tiempo; el que tiene lugar en la ciudad Alemana de Colonia. No sé si es casualidad pero en los campeonatos de fútbol siempre me encuentro en Alemania. En la copa del mundo, no le di importancia en Berlín a si había fútbol, si gritaban arriba los cerdos o abajo los Lucas, pero esta vez el fútbol se mezclo con mi vida estudiantil, se metió de lleno en la Universidad, como si de una clase o una palestra importante se tratara. Como dice un buen amigo mío: “si Hegel levantará la cabeza…”.

A lo que iba, una de las aulas más grandes del edificio de Filosofía se destino para retransmitir el partido Alemania-Croacia. Para animar a la afición porque a los alemanes parece que les hace falta tener cada dos días su Oktoberfest (la mayor fiesta de la cerveza en Alemania) regalaron así por la cara 300 litros de cerveza a todo el que llegara antes al partido, porque atención, al comienzo de la segunda parte los alemanes fueron a comprar de nuevo provisiones para seguir disfrutando del fracaso alemán contra Croacia.

Pero lo dicho, no importa si se gana o se pierda, pero que quede claro que este año España va a ganar … por lo menos ganamos a Italia, “con su peor medicina” a penaltis y con eso ya hemos vengado 24 años de sucio juego en el que se ve reflejado algo más que una técnica de jugar al fútbol. No digo nada más. Pero hala, la moda y los tortellinis para casa, “schade” (que pena).

Pero en Colonia no sólo se anima a Alemania más que nada porque lo que menos hay son alemanes, haberlos los hay pero se les oye menos que a los turcos que van siempre por la calle con la música incorporada, el móvil de tercera generación (ya no sé si hay de cuarta, me quede obsoleta en el Nokia de hace 5 años, ¿para que más?…) da para todo hasta para compartir la música con el resto de los transeúntes que pasean por las calles.

Con todo esto, la ciudad de Colonia es una mezcla de colores, de gritos y se respira un aire profundo de sentimiento de pertenencia o más bien de mezcla de pertenencias. Uno es turco y alemán y el otro alemán y español y así uno tras otro. La mezcla es el aire que se respira.

Es aquí donde quería llegar y que no es objeto mío sino más bien de la antropología estudiar ya no sólo al ser humano holísticamente sino al ser humano con un balón bajo el brazo. Ya no se dice, el niño con un pan bajo el brazo, ¿por qué?

El fútbol despierta pasiones pero sobre todo una, crea una unión, si, por supuesto; superficial, pero sólo en el caso racional o de intercambio de algún tipo de contenido mental interesante, pero en lo emocional provoca una unión al homogeneizar un sentimiento de pertenencia que se manifiesta en el abrazo, en el choque de manos, en el cruce de miradas. Si no, pongamos el ejemplo del árbitro (piezas fundamentales en los deportes y menudas piezas…) del partido España-Italia, el alemán ese que pitaba todo a favor de la pizza y de la pasta; ¿será que el aceite de oliva y los garbanzos le resultan comida de pobres? En el momento en el que el árbitro se decanta por uno de los equipos, la gente se une para llamarle de todo menos guapo.

No discuto que si el fútbol es un deporte que en casi todas las ocasiones es movido por tontos y tonterías pero como siempre se dice: “de todo lo malo, hay que sacar algo bueno”. Esta vez hice caso al refrán, saco lo bueno y lejos de casa. Aquí me he dado cuenta que mi “casa” esta en mí y yo estoy en ella, pero pensando al mismo tiempo que el otro, Alemania es el que me ha dado pie para percibir tal sentimiento. No es el fútbol sino el efecto de una causa que en mi casa, España, no daría el mismo efecto. Ya que desde hace muchos años deje de prestarle atención al fútbol.

El tiempo sorprende, nunca hay nuevos tiempos en los que no aprendemos algo nuevo. Me alegro de que así sea.

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El cambio del tiempo y del espacio en los que actúan y en los que ven


Un año más y por las mismas fechas, la última semana del mes de Mayo tiene lugar uno de los acontecimientos culturales más importantes de la ciudad en la que nací y que ahora debo decir, la ciudad que me dio el ser pero que a la vez añoro siendo. Hablo de la ciudad castellana de Valladolid y que forma parte de la región de Castilla y León para quien no lo sepa y no quiero hacer de menos a nadie.

Pero mi cometido no es hablar de peleas por espacios y en sus distintos tiempos o etapas de la historia. Hablo del Festival de Teatro de Calle de Valladolid conocido también como el TAC y que este año celebró su Novena Edición.

Este año en el dibujo del cartel no aparecía un paraguas lo cual me da que pensar si fue una premonición de las terribles trompas de agua que hundieron a objetos que estaban por la calle en la pasada Edición, personas que caminaban y actores que se quedaron siendo meros espectadores o turistas. No, este año no había paraguas pero el paraguas seguía de la mano de todos y bajo sus paraguas desfilaron sus mejores actores, el público espectador.

No me voy a dedicar a describir como meras diapositivas de arte lo que cada compañía trajo al Festival o como meras reseñas cinematográficas lo que allí aconteció y es sólo por una razón: “el ver para creer”. Con estas palabras animo a los que de algún modo no saben que existe el Festival a que se acerquen y para otros que lo ignoran o lo quieren ignorar a posta les invito a que pongan algo de voluntad en contemplar tan solo las calles de la ciudad que habitan o bien esa ciudad en la que unos días las calles a pesar de parecer el orden hecho presencia, se descubre en su esencia un orden inimaginable.

Lo dicho, hablo de un fenómeno o tampoco se puede hablar de él, pero lo que si que trato de describir es un conjunto de actuaciones y no el de una sola pieza como lo puede ser una pieza de danza, de música, de teatro, de teatro de calle, multimedia…

Así, estábamos todos, colocados en hilera, unas veces nos colocábamos de manera frontal al modo del teatro clásico. En otros momentos rodeábamos a los actores y a los espectadores y en otras ocasiones perseguíamos a los actores y a las gentes que por las calles furrulaban.

Lo que más me llama la atención del festival en general son aquellos que ven, sin ver y los que oyen sin querer oír. La mezcla de improvisación, de risas e incluso de llantos. La improvisación llevada al clímax y esto sólo se manifiesta en su grado más alto en la lluvia, o más bien en las condiciones climatológicas que acompañen al festival. Esta claro que el tiempo climatológico también aporta su grano de arena.

Lo que más me sorprende del teatro de calle es que se aleja de la separación estricta como si de un juez y de un juzgado se tratara. La calle se convierte en un escenario plano donde no hay escalones, es la igualdad tanto deseada y tan poco real. Es el juego conjunto de las manos que se dan y se separan, el cruce de miradas a un mismo nivel, el roce de cuerpos de los que por allí pasean y hasta del que nos hace creer que es otro en sí mismo, el actor.

El recuerdo del final de cada Edición de teatro de calle me recuerda a las Tragedias, al modo una tragedia interior, la que se siente al saber que se termina pero que otro ciclo nuevo esta por llegar. Hasta el TAC 2009.

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Y la maceta apareció en el tiempo …


Había dos berlinas y dos latte maquiatos, típico desayuno con bollería industrial alemana y dos chicos preparados para darse un gran festín.

Al otro lado, como si de un escenario de teatro de calle se tratará había un tren de calle o lo que los alemanes llaman (Strassenbahn) y justo al lado de las ruedas del tren un señor. Entre el señor y el tren un charco de sangre.

Siempre que alguien me preguntaba por la vida, siempre respondía con la misma frase: “no sé sabe el día en que uno morirá porque se te puede caer una maceta en la cabeza y dejarte cao”. Ahí estaba la maceta, ahí estaba la antesala a la muerte con aquel señor y también estaba de algún modo la cotidianeidad de la vida en un simple desayuno alemán.

No sé sabe que tren nos llevará a otro lugar, ni cual será nuestro último desayuno, ni que maceta nos va a causar lo que fatalmente ve casi todo el mundo, la muerte.

De algún modo todo es corto y no hay tiempo dentro de otro tiempo que haya que dejar pasar. Ví la maceta y pensé que era una señal, tal vez de las estrellas, de quien llaman Dios, de la misma señora o señor, chica o chico que tenía la maceta en su casa. Veo el rostro del señor que causo casi la muerte inmediata del señor al lado del tren de la calle. Siempre vemos la tela que deja la estrella fugaz pero nunca podremos saber el origen de los acontecimientos, o tal vez si pero lo olvidamos.

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En el tiempo se da y se recibe


Pasas, caminas, saludas, pero quien inicia siempre la primera conversación o da el primer paso es siempre la misma persona. No hablo del chico o de la chica de turno, es lo primero que hay que dejar claro. Aunque también entra dentro de este macro pensamiento que quiero transmitir pero mi cometido no es limitar sino ampliar los horizontes y resaltar que en todo caso iría más dirigido a la amistad o a saber … pero no quería dejarlo cerrado solo a esa posibilidad a la que tiende la gente.

Entonces, si seguimos con el hilo, la persona que es siempre la que da pie se pregunta: ¿pasa de mi? Y sí es así, no se quiere asumir, no se quiere reconocer o ver el rechazo que la otra persona muestra hacia ti, ¿por qué motivo? Cuando una situación actual es totalmente contraria a la habida, uno comienza a pensar en las causas que dieron paso a esta situación poco creíble, chocante pero que es la que es, y con esta es con la que debes de jugar, no es lo que fue, sino la que es. ¿Por qué no entender, el presente sin dejar de partir del pasado pero no queriendo vivir del mismo? El aferramiento, o que palabra tan grotesca, más como diría yo, tal vez, la rutina, la costumbre, hace que nos hagamos hasta nuestro propio destino de esta forma y por eso pensemos que estamos destinados porque nos prendemos en muchas ocasiones en lo que fue, ya sea en el amor, en la amistad, en nuestro lugar de residencia, que se yo … la cuestión es buscar lazos y explicaciones a situaciones que no tienen más que una explicación, o quizá miles, y ¿creemos que la vamos a encontrar, siempre una que es la adecuada y por ende la correcta? Claro que encontrar, siempre encontramos algo, hay que apoyarse en pensamientos o en algo que tenga forma y materia pero con el tiempo todos estos mismos recursos serán suplantados por otros y los que queden serán los que nos saluden antes, ahora y después.

Ya saben, dar es más difícil que a que nos den, hasta incluso cuando vamos a dar un bofetón, es más fácil recibirlo porque no hay suficiente fuerza de voluntad para darlo a no ser que estemos borrachos o hayamos tomado a saber que demonios. No pretendo potenciar la violencia, pero si tratar de mover el esqueleto y las cuerdas vocales de aquellos que no se dan porque es más fácil recibir.

No somos como la sombra del árbol o como el árbol de la sombra que da y recibe, recibe y da. Si tan parecidos somos a la naturaleza, ¿Qué nos queda de ella? Queda el no ser árbol y por lo tanto el no poder dar sombra a aquellos que parecen ser como nosotros, o al menos, eso nos han dicho.


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Tiempos de papel


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El papel es el recurso de algunos para escribir sobre lo que siente en su alma, creo que este es mi caso. Cada uno busca auxilio en un apoyo sólido cuando un dolor recorre su cuerpo hasta llenarle de escalofríos. El papel calma mi tiempo de dolor.

Pero ¿qué es el dolor más que un tiempo de aprendizaje? El sentimiento y el pensamiento, siempre hay que mantenerlos equilibrados sino se produce un desequilibrio en el estado sólido de los que tienen alma. Para unos el alma pesa 21 gramos, para otros ni siquiera existe, sólo puede ser una palabra recogida ya no sólo en un trozo de papel sino en un papel virtual que no puedo tocar pero si teclear. Tal vez el dolor no sea más que teclas que nos hacen comprender como es el peso de nuestro alma. El mío si pesa porque lo siento cuando pienso.

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